plan pastoral diocesano
Queridos hermanos:
1.- Las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización nos han sido propuestas, por la Conferencia Episcopal Argentina, como: "puntos esenciales... (que) servirán para revisar la actividad eclesial y para inspirar la planificación de las diócesis, sectores, asociaciones y movimientos, en orden a afianzar un sentir y actuar común en todas las Iglesias particulares" (L.P.N.E. 5).
2.- Esta recomendación, hecha en el marco de "una más orgánica y vigorosa acción evangelizadora" (L.P.N.E. cap. 4), se convirtió en un exigente y esperanzador desafío que nos llevó a recorrer juntos un camino de aprendizaje y de planificación, el cual me permite hoy presentarles y promulgar, por medio de esta carta, nuestro Plan Diocesano de Pastoral.
3.- Este hecho, que compromete ante todo nuestra gratitud a Dios, el Padre de quién procede todo bien, reclama el protagonismo de todos por ser, en cuanto plan de la Diócesis: "una palabra en su orden definitiva y vinculante, porque es dicha por la Iglesia presidida por su Obispo. Se trata, les decía, de un hecho eclesial que no admite ausencias, ni realizaciones al margen de su camino y de su espíritu" (homilía del 19.6.95).
4.- La puesta en marcha del Plan Diocesano de Pastoral nos habla de la "certeza de un camino" que hemos elegido, y expresa, además, la vitalidad y la comunión de nuestra Iglesia. Con ello buscamos responder, a través de una figura pastoral concreta, al llamado de la Nueva Evangelización que nos hiciera el Santo Padre en la vigilia del III milenio, y que debe ser, nos insistía: "nueva en sus métodos, nueva en su ardor y nueva en su expresión" (cfr. Santo Domingo, 45 al 53).
5.- El sujeto del Plan de Pastoral es, como les recordaba el día de la convocatoria diocesana: "toda la comunidad eclesial, todos los bautizados, que en la diversidad de funciones y carismas constituimos el Pueblo de Dios, es decir, nosotros, la Iglesia de Mar del Plata". (homilía del 22.11.92) Esta afirmación, que define nuestra pertenencia diocesana, nos debe llevar a pensar las diversas tareas apostólicas en términos de una "pastoral de conjunto u orgánica", como expresión madura de una auténtica eclesiología de comunión.
6.- La pastoral orgánica se nos presenta, de este modo, como un esfuerzo creativo de toda la Iglesia diocesana que nos permite descubrir tanto sus necesidades y urgencias pastorales, cuanto desarrollar un proyecto eclesial que integre la riqueza de los diversos carismas y ministerios en orden a la evangelización. En este sentido cabe afirmar que: "el fundamento teológico y canónico de toda pastoral de conjunto es la inserción en la vida y en los planes de cada Iglesia particular; hay una suerte, agregaba, de -inculturación diocesana- que se convierte en un criterio de discernimiento pastoral de todo carisma, y va definiendo una madura espiritualidad de pertenencia diocesana" (homilía del 19.6.95).
7.- El Plan de Pastoral se convierte así, en cuanto realidad objetiva y estable, en un cauce convergente que debe ordenar y animar toda la actividad de la Iglesia diocesana. Tener un plan que oriente nuestro camino, organice las fuerzas apostólicas y disponga nuestros recursos, es el primer acto de "caridad pastoral", les decía a los sacerdotes (Misa Crismal, 1994). El ser sacramental de la Iglesia, que nos define en una relación de "origen salvífico" respecto del proyecto de Dios y de una "presencia encarnada" respecto del mundo, es el contexto teológico que determina la naturaleza eclesial del Plan de Pastoral, como su realidad y necesidad histórica.
8.- Como vemos, las diversas expresiones que hemos utilizado: eclesiología de comunión, plan de pastoral y pastoral de conjunto, no son palabras aisladas o realidades independientes, sino que tienen una unidad de origen y de proyecto salvífico en Dios, y están, por lo mismo, llamadas a enriquecer la presencia y la eficacia evangelizadora de la Iglesia en el mundo. La puesta en marcha del Plan Diocesano de Pastoral requiere de todos, necesariamente, una actitud interior de sincera aceptación del mismo y una firme decisión de adaptar las diversas estructuras eclesiales para concretar sus objetivos (Cfr. L.P.N.E. 42)
EL OBJETIVO GENERAL
"Vivamos desde la Iglesia-Comunión, el Servicio y la Misión."
9.- El objetivo general es el que "define la dirección que tomará la acción pastoral en su conjunto" (Curso de planificación pastoral, San Miguel 1992), y nos permite conocer, por ello, cuál es el modelo de Iglesia deseada que está detrás del Plan. Nuestra Iglesia diocesana ha querido expresar esta identidad ideal o la imagen y la realidad de la Iglesia que quiere ser, en un lema u objetivo general que lo hemos definido de esta manera: Vivamos desde la Iglesia-Comunión, el Servicio y la Misión. En este objetivo todos nos debemos reconocer, y desde él todos deberemos trabajar para construir la Iglesia que deseamos.
10.- El objetivo general debe ir creando, para ello, un lenguaje y una mística de pertenencia diocesana y ser, al mismo tiempo, una propuesta de renovación espiritual para cada uno de nosotros y en cada comunidad. Tendremos que reflexionar y meditar no sólo en el contenido de sus palabras, sino también, en la dinámica y la espiritualidad que encierra y exige su propuesta. El objetivo general nos muestra el modelo de Iglesia que queremos alcanzar; el plan diocesano es la necesaria mediación pastoral que nos permitirá construir esa Iglesia.
A- LA IGLESIA-COMUNION.
11.- Estamos hablando de la Iglesia, de nuestra Iglesia, que es un "don" que hemos recibido, pero también una "tarea" que debemos realizar. Es un don porque tiene su origen en Dios y reclama, por lo mismo, la disponibilidad y la gratitud de la fe. Sólo desde la fe se puede comprender y avanzar en el conocimiento de la Iglesia. Ella necesita para manifestarse una mirada contemplativa de su "misterio", que es el proyecto salvífico de Dios.
12.- Ser Iglesia es descubrirnos desde este "único proyecto de Dios" que es Jesucristo, que nos convoca por su Palabra y nos envía, por la gracia y la fuerza del Espíritu Santo, para anunciar su Reino y ser sus testigos en el mundo. Vivir esta dimensión religiosa y misionera del misterio de Dios, es vivir la verdad originante de la Iglesia comunión.
13.- La primera afirmación del objetivo general es: "Vivamos desde la Iglesia-Comunión". Vivamos; no puede haber un objetivo en la Iglesia que se exprese en singular. Vivamos significa la conciencia del pertenecer al "nosotros" del Cuerpo de Cristo, que integramos por la gracia del Bautismo y la plenitud del don del Espíritu Santo. Contemplando el misterio de Dios, que es Uno y Trino, y pensando en nosotros, su Cuerpo, Jesucristo nos revela la raíz y el ideal de la Iglesia-Comunión, cuando ruega al Padre en su oración sacerdotal: "como tú, Padre, estás en mí y yo en tí, que también ellos sean uno en nosotros..., como nosotros somos uno" (Jn. 17, 21-22).
14.- Será en la celebración de la Eucaristía el lugar donde la realidad de la Iglesia-Comunión alcanza su plenitud. Desde este gesto salvífico de Dios para con los hombres, que la Iglesia actualiza sacramentalmente, comprendemos tanto el espíritu de alegría y el clima de sacralidad, como la exigencia de comunicabilidad y de belleza que debe animar a la Liturgia, en cuanto es la expresión religiosa de una comunidad que celebra agradecida el misterio salvífico de su fe (L.P.N.E. 52). La vivencia de esta comunión eclesial: "aún conservando siempre su dimensión universal", nos dice el Santo Padre, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia"; es necesario, agrega, "que todos volvamos a descubrir por la fe, el verdadero rostro de la parroquia" (Ch. L., 26). La parroquia es, esencialmente, una comunidad eucarística.
15.- La Iglesia se manifiesta en la historia como un llamado a vivir y expresar el Misterio de la Santísima Trinidad: "Y así toda la Iglesia, nos enseña uno de los primeros padres, aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y el Hijo y del Espíritu Santo" (S. Cipriano, Or. Dom. 32 , citado en L.G. 4). Esta verdad que da origen y sostiene la eclesiología de comunión, alcanza su madurez teológica y pastoral cuando se la vive "dentro de la estructura visible (de la Iglesia), es decir, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, y del régimen eclesiástico" (c. 205). El plan diocesano dice referencia a este "régimen eclesiástico", desde el cual vivimos nuestra comunión con el gobierno pastoral de la Iglesia particular.
16.- Cuando decimos: "Vivamos desde la Iglesia-Comunión", nos definimos como un cuerpo vivo y orgánico y expresamos, así, nuestra verdad de Pueblo convocado para la misión. La realidad de la Iglesia-Comunión, afirma el Santo Padre, representa: "el contenido central del misterio, o sea del designio de salvación de la humanidad" (Ch. L. 19). Esta teología de la Iglesia-Comunión debe mostrar su presencia y su rostro concreto en la vida de cada Iglesia local, "en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia católica, una, y única" (L.G. 23).
17.- Partiendo de esta verdad, Juan Pablo II nos exhorta a una tarea docente cuando afirma: "Para poder participar adecuadamente en la vida eclesial es del todo urgente que los fieles laicos posean una visión clara y precisa de la Iglesia particular en su relación originaria con la Iglesia universal" (Ch. L. 25). Nuestro objetivo general se inspira en el "marco doctrinal" que hemos tomado de la Palabra de Dios y de una lectura atenta del magisterio, y que debe ser, tanto el ideal que orienta y anima toda la acción pastoral de la Iglesia de Mar del Plata, cuanto la expresión viva de nuestra relación con la Iglesia Universal.
B- EL SERVICIO
18.- Nuestra Iglesia diocesana está llamada, en cada uno de sus miembros y como cuerpo organizado, a dar testimonio de Nuestro Señor Jesucristo, quién nos dejó un programa de vida cuando nos hablo de la forma de vivir su misión: "porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida" (Mc. 10, 45). El "servicio" es, por ello, una expresión necesaria y constitutiva de la vida de la Iglesia que configura toda vocación cristiana, porque es un signo inequívoco de la presencia del Espíritu: "...y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús", de esta manera se presentaba San Pablo ante sus fieles. (2 Cor. 4, 5).
19.- Así como el anuncio del evangelio es la expresión madura de la fe, el servicio será su verificación. Toda la Iglesia es servidora, porque no existe para sí misma, sino para ser: "en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo género humano" (L.G. 1). Este es el marco teológico-eclesial de su primer y mayor servicio, que define un estilo que abarca la totalidad de su misión pastoral en el mundo.
20.- Para cumplir esta misión de servicio la Iglesia debe encarnarse en lo concreto de la historia y hacer suyos, como nos dice el Concilio: "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres, sobre todo de los pobres y cuantos sufren" (G.S. 1). En ella se debe poder reconocer la vida, las enseñanzas y los sentimientos de Cristo Jesús, que hoy nos vuelve a preguntar, como lo hiciera a sus discípulos en la última cena: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?", y él mismo nos responde, dejándonos su actitud de servicio como un mandamiento: "Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes" (Jn. 13, 12.15).
21.- Comprender este ejemplo de servicio que nos ha dejado el Señor significa descubrir y amar un proyecto de vida que se traduzca en actos de humildad, de austeridad y de solidariadad como expresión humana y religiosa de la caridad que nos debe animar. Así, nuestra Iglesia, que nace en la intimidad contemplativa del misterio de Dios, manifestará en el "servicio" el seguimiento y el compromiso de su fe en Jesucristo. Esta actitud evangélica del servicio adquirirá, en el ámbito de la Cultura y de la Promoción Humana, una particular expresión del amor de Dios, que acompaña y eleva, desde su Iglesia, la dignidad del hombre.
C. LA MISION
22.- Somos "depositarios y servidores" de la Palabra definitiva de salvación que Dios ha dicho al mundo en su Hijo. (E.N.78) El es la única riqueza de la Iglesia, y se convierte desde nosotros, su Cuerpo, en la esperanza del mundo. La realidad de la "misión" en la Iglesia expresa su fidelidad al proyecto de Dios, que es amor salvífico y misericordioso por los hombres. Hoy debemos escuchar al Señor que nos vuelve a decir, con la fuerza de un mandato que nos urge y nos compromete, "si para esto he venido... para que el mundo tenga vida y la tenga en abundancia" (Jn. 10,10).
23.- La presencia de un espíritu misionero habla por sí mismo de la calidad e intensidad de nuestra fe, y es un signo elocuente de la vitalidad de la Iglesia. Una Iglesia misionera es aquella que vive el gozo y la urgencia de ponerse en camino para anunciar a todos los hombres "lo que hemos visto y oído", y así formar con ellos el Cuerpo de Cristo: "para que también ustedes vivan en comunión con nosotros" (1 Jn. 1-3). Además, una madura espiritualidad diocesana debe abrirnos, "con la confianza del Espíritu, a las necesidades pastorales y misioneras de la Iglesia, tanto en nuestro país como en el mundo" (homilía del 19.6.95).
24.- "Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda" (E.N. 4). Ella existe para evangelizar. No puede haber, por lo tanto, una auténtica vida eclesial, que no se exprese en un comprometido proyecto misionero. La comunión y la misión "están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión" (Ch. L. 32). Forma parte de esta actitud misionera, como expresión y vivencia de nuestra fe, la "cordialidad" con que recibimos y tratamos a nuestros hermanos (cfr. L.P.N.E. ).
25.- Cuántas veces la debilidad misionera de la Iglesia es, ante todo, una debilidad en su vida de comunión. El Señor Jesús primero ha pedido al Padre "que sean uno", y luego, nos manifiesta el sentido salvífico de esta comunión: "para que el mundo crea" (Jn. 17,21). Quiero recordarles que el compromiso que hemos asumido de multiplicar la presencia de la Iglesia, a través del Fondo Diocesano para la Evangelización, sólo se comprende y se sostiene desde un planteo verdaderamente misionero. Por ello lo debemos ubicar pastoralmente, les decía, "en el camino de lo que llamaría el testimonio solidario de una Iglesia dispuesta a vivir las exigencias de un protagonismo evangelizador". (Creación del Fondo Diocesano para la Evangelización, 1993; Cfr. L.P.N.E. 44).
LOS OBJETIVOS ESPECIFICOS
26.- Así como el objetivo general nos presenta la imagen de Iglesia que queremos ser, y que habíamos tomado del "marco doctrinal"; los objetivos específicos, en cambio, se nos presentan como: "la respuesta específica, consciente e intencional a las urgencias pastorales o necesidades de evangelización", que hemos detectado en el "diagnóstico pastoral", y cuyos datos provienen, principalmente, del "marco de la realidad" que juntos hemos trabajado. (Curso de Planeación Pastoral, San Miguel, 1992)
27.- Los objetivos específicos se convierten, por lo mismo, en los caminos pastorales que nos permiten concretar el objetivo general. Estos objetivos, en cuanto son una respuesta específica a las "necesidades y urgencias" detectadas, deben orientar, por ello, los diversos programas que se han de desarrollar con sus correspondientes evaluaciones (Puebla, 1306-1307). Dentro de esta realidad estable de los objetivos del Plan de Pastoral, los distintos programas que se implementen tendrán un tiempo para su realización y verificación.
28.- En la elaboración y redacción de los objetivos específicos se han tenido en cuenta, por su referencia nacional y latinoamericana, los desafíos de Nuestras Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización y las conclusiones de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo. Hemos señalado cuatro objetivos que respondían, mayoritariamente, a aquellas necesidades pastorales y urgencias de evangelización que descubrimos a lo largo del trabajo de planificación.
29.- De los cuatro objetivos elegidos, dos se refieren a personas: Familia y Juventud; y dos, en cambio, a temas o ideas, que, además de presentar un contenido propio, deben incidir en la totalidad de la vida pastoral de la Iglesia, son ellos: Cultura y Promoción Humana. Estos objetivos deben dar forma pastoral a la vida de nuestra Iglesia diocesana, y ser los cauces integradores de una pastoral de conjunto. Pasaremos a considerar, ahora, algunas ideas que hacen a la fundamentación teológico-pastoral de estos cuatro objetivos específicos, como a su animación espiritual y vivencia eclesial.
A- LA FAMILIA
"Promover la Pastoral Familiar, para afianzar la familia como primera escuela de la dignidad humana y camino de la fe"
30.- Este primer objetivo presenta y desarrolla una de las realidades más abarcativas de la vida pastoral de la Iglesia. La familia pertenece al designio creador y redentor de Dios; en ella, los esposos, descubren su identidad y su misión, que define y compromete su vocación cristiana en el mundo. El magisterio reciente de la Iglesia, consciente de su importancia en orden a garantizar y desarrollar los valores humanos y cristianos del hombre y de la sociedad, se ha expresado con afirmaciones claras que marcan todo un camino pastoral.
31.- La familia es llamada, así, el "Santuario de la vida" (C.A. 39); el lugar "dónde se fragua el futuro de la humanidad", y por lo mismo, concluye: "en los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral familiar" (F.C. 70). En este contexto se comprende que "entre todos los caminos de la Iglesia, la familia sea el primero" (Carta a las Familias). Es necesario, por ello: "hacer de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida, real y operante" (S.D. 64; cfr. Directorio de Pastoral Familiar, 1-5; 27-28). La oración en familia es el primer reconocimiento de la existencia de Dios.
32.- La pastoral familiar debe hacer tomar conciencia, ante todo, a los mismos esposos del valor y de las dimensiones humanas y sacramentales del matrimonio cristiano: "Familia, sé lo que eres" (Juan Pablo II); su primera tarea, por lo tanto, será ayudar a los matrimonios y a las familias a vivir su vocación y misión como un don de Dios, y, a valorar los medios sobrenaturales que el mismo Dios les ha dejado en la Iglesia. Todo esto debe ir creando una certeza muy clara de que la familia, creada por Dios y recreada por Cristo, constituye una verdadera "Iglesia doméstica" y, por lo mismo, es un sujeto de acción pastoral dentro de la comunión orgánica de la Iglesia.
33.- En la vigilia del tercer milenio el Santo Padre, retomando en su Carta Apostólica las líneas del Concilio Vaticano II, nos recuerda esta verdad en forma de una pregunta: "Es por esto necesario que la preparación del Gran Jubileo pase, en cierto modo, a través de cada familia. ¿Acaso no fue por medio de una familia, la de Nazaret, que el Hijo de Dios quiso entrar en la historia del hombre?" (T.M.A. 28). Este hecho teológico e histórico que nos revela el designio salvífico de Dios, nos habla con elocuencia de la responsabilidad y el cuidado pastoral que la Iglesia tiene sobre la familia.
34.- Además de ser "la primera escuela de la dignidad humana", es el camino privilegiado de la fe. La familia, al igual que la Iglesia: "debe ser un espacio donde el evangelio es trasmitido y desde donde este se irradia. Dentro, pues, de una familia consciente de esta misión, todos los miembros evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican a los hijos el Evangelio, sino que pueden a su vez recibir de ellos este Evangelio profundamente vivido" (E.N. 7; cfr. F.C. 52). En este contexto catequístico, y dada la vasta realidad de nuestra diócesis, debemos atender y desarrollar la presencia evangelizadora de la Iglesia en un área que tiene características propias como es el apostolado rural.
35.- La catequesis familiar adquiere, en esta perspectiva pastoral, una importancia evangelizadora y de renovación eclesial que compromete nuestros mejores esfuerzos y recursos. La familia es, asimismo, el primer ámbito vocacional de sus hijos, porque en ella se aprende a descubrir y gustar el proyecto de Dios y a recibirlo y conservarlo con la exigente gratitud de un don. Todo esto requiere de actitudes y decisiones pastorales en toda la comunidad, que nos lleve a "subrayar la prioridad y centralidad de la pastoral familiar en la Iglesia diocesana (S.D. 222).
36.- Esta dimensión providencial de la familia cristiana desafía a nuestra Iglesia, en el desarrollo de su pastoral organica, a cuidar de ella y a alentar toda expresión evangelizadora y de acompañamiento familiar. Valoro, en este sentido, la tarea de los diversos grupos parroquiales, como de los distintos movimientos que se orientan al apostolado familiar. La atención pastoral de la familia debe encontrar, igualmente, una particular dedicación en las escuelas y colegios católicos. Es alentador considerar los caminos que se abren en el área educativa, como expresión evangelizadora de la vida de la Iglesia, cuando se piensan y organizan en clave pastoral ( S.D. 263-278).
37.- No podemos dejar de acompañar, además, desde una eclesial y responsable pastoral familiar, a aquellos matrimonios con dificultades o que viven en situaciones irregulares, y que la Iglesia nos recomienda vivamente (cfr. F. C. 77-85. Directorio de Pastoral Familiar, 188-218). Creo oportuno concluir estas reflexiones sobre el objetivo familia, recogiendo y proponiéndoles las palabras que el Santo Padre les dirigiera a los agentes de pastoral de Pratti (Italia): "Dedicaos a la familia como a un sector verdaderamente prioritario de la vida eclesial, con la certeza de que la evangelización, en el futuro, dependerá en gran medida de la vitalidad cristiana de la Iglesia doméstica (12.6.88).
B- LA JUVENTUD
"Crear con los jóvenes espacios de pertenencia eclesial, para posibilitar su formación y protagonismo apostólico."
38.- El futuro del mundo y de la Iglesia, nos dice el Santo Padre en su Carta Apostólica de preparación al Jubileo del año 2000: "pertenece a las jóvenes generaciones que, nacidas en este siglo, serán maduras en el próximo, el primero del nuevo milenio" (T.M.A. 58). Una Iglesia que no preste una real y afectiva atención a los jóvenes, es una Iglesia sin futuro. La juventud, si bien tiene un marco de referencia permanente en la familia, se nos presenta como una realidad pastoral propia que exige, para su realización y protagonismo eclesial, espacios adecuados en nuestras comunidades.
39.- El tema de la pastoral juvenil es para la Iglesia una pregunta desafiante que requiere, de todos sus agentes pastorales, gestos y actitudes de: cercanía, dedicación y creatividad. Los jóvenes reclaman ser escuchados y recibidos desde su propia realidad y experiencias, pero desean y necesitan ser iluminados por la fuerza y la verdad del evangelio. Hoy la juventud vive una realidad social y cultural compleja, con una diversidad de mensajes y espectativas que es necesario conocer y discernir.
40.- Este necesario conocimiento de la realidad y de la cultura juvenil no puede demorar, sin embargo, el anuncio explícito y confiado del Evangelio que debe ser la preocupación central de dicha pastoral. Una de las tareas más sentidas y urgentes en esta área de la vida de la Iglesia es la formación de dirigentes, que posibilite en las diversas comunidades, movimientos y asociaciones apostólicas, el acompañamiento y el proceso formativo integral de los jóvenes. En este campo de la pastoral de la Iglesia cumple una función decisiva e insustituíble la presencia del sacerdote quien, mediante el ejercicio docente y sacramental de su ministerio, está llamado a animar doctrinal y espiritualmente el camino religioso y apostólico de los jóvenes.
41.- La eficacia de una pastoral juvenil necesita, además, de una estructura y organización que permita su desarrollo y sostenga una mística de pertenencia eclesial. Sin un mínimo de organización, tanto al interno de los movimientos cuanto a nivel diocesano, los diferentes grupos de jóvenes (parroquiales, de movimientos, de colegios...), corren el riesgo de convertirse en un fin para sí mismos y perder su necesaria comunicabilidad eclesial y fuerza apostólica. La interacción y coordinación permiten el conocimiento e intercambio de experiencias; ayudan al mejor aprovechamiento de los recursos y promueven un eficaz protagonismo eclesial, al considerarse, cada movimiento o institución, parte activa en la elaboración de una propuesta evangelizadora para toda la juventud.
42.- Particular relieve presenta en esta área de la pastoral el tema vocacional. La pastoral juvenil, como prólogo de toda pastoral vocacional, debe ser para nuestra Iglesia diocesana una escuela de maduración en el conocimiento del plan de Dios. De esta manera la vocación laical, el matrimonio y la familia, la vida consagrada y el sacerdocio, deben ser presentados y valorados a la luz del único proyecto de Dios que es Jesucristo, y en el marco de su Cuerpo que es la Iglesia. Para que esto sea posible necesitamos crear y animar comunidades juveniles, que sean para los jóvenes: formativas, misioneras y servidoras.
43.- Es importante, igualmente, tener en cuenta que una pastoral de juventud debe mirar a todos los jóvenes, en sus diversos lugares y diferentes niveles de relación respecto de la Iglesia. En este sentido podemos hablar de grupos más cercanos que van creciendo en el marco de nuestras comunidades y requieren un sólido y creciente itinerario de la fe; otros, en cambio, participan ocasionalmente, pero conservan una referencia cordial con la Iglesia; están, luego, los alejados, o tal vez indiferentes a toda propuesta eclesial; y, finalmente, aquellos jóvenes que viven, lamentablemente, por diversos motivos o circunstancias, una cierta o total marginalidad. Para todos es el Evangelio de la vida. Se trata para la Iglesia de una pregunta pastoral que exige una respuesta creativa y responsable.
44.- Otra tarea destacable de la pastoral juvenil diocesana es que debe saber integrar, como exigencia y expresión de una Iglesia-Comunión, a la totalidad de los movimientos y asociaciones, sean de nivel parroquial, de comunidades educativas o de movimientos supraparroquiales. La fecundidad de la pastoral juvenil se alimenta y se sostiene de esa riqueza y diversidad que promueve el mismo Espíritu de Dios. Además, como una actitud evangélica recogida en el objetivo general, debe manifestar una comprometida preocupación misionera y una clara disposición de servicio.
45.- Finalmente hay que tener presente, en todo planteo de trabajo pastoral con la juventud, que el jóven sólo va a descubrir y amar su "pertenencia eclesial", cuando se sienta protagonista y no simple destinatario de una palabra de la Iglesia. La pastoral juvenil debe lograr que ellos participen de manera consciente y responsable en su vida y en su misión. La Iglesia, les decía a los jóvenes "los necesita y los espera; hay en ella un lugar que les pertenece y desde el cual deben partir para predicar a Jesucristo". (Mensaje Vocacional, 1996). Esta invitación debe ser clara de parte de la Iglesia, y los jóvenes la deben poder encontrar en cada comunidad cristiana.
C- LA CULTURA.
"Impulsar la evangelización de la cultura, para que sea la expresión madura de una fe auténticamente vivida."
46.- El primer desafío que la Iglesia argentina ha advertido "en el actual proceso histórico-cultural" es el secularismo, entendiéndolo, no como "la justa y legítima autonomía de las realidades temporales", sino como una reducción de todo lo creado a la sola dimensión de lo inmanente (L.P.N.E. 12). El mundo creado por Dios, vive al margen de Dios; hay, como consecuencia de ello, un vaciamiento de valores trascendentes en el horizonte cultural del hombre. Este hecho, prescindir de Dios, adquiere consecuencias desvastadoras cuando se instala en la sociedad y pretende engendrar una cultura.
47.- Frente a este fenómeno no cabe la nostalgia restauradora de un pasado que ya fue, sino el testimonio de una esperanza que se apoya en la certeza de nuestra fe en Jesucristo, que es el mismo "ayer, hoy y siempre" (Hb. 13,8), y que es, por ello: "la medida de todo lo humano y por tanto también de la cultura" (S.D. 228). La cultura es una realidad dinámica que abarca la totalidad de los ámbitos en los cuales el hombre desarrolla sus "cualidades espirituales y corporales", y es, además, el medio necesario para que el hombre y la sociedad alcance "un nivel verdadera y plenamente humano" (G.S. 53). Este desafío se convierte, desde la fe, en un impulso creativo e impostergable que hemos expresado en un objetivo de acción pastoral.
48.- "La ruptura entre el Evangelio y la cultura es sin duda, afirmaba Pablo VI, el drama de nuestro tiempo..., por ello, concluía, hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas" (E.N. 20). Para que esta tarea evangelizadora no sea algo sólo decorativo o meramente exterior, debe llegar a las raíces desde las cuales nace una cultura y así poder "alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad..." (E.N. 19, citado en L.P.N.E. 42).
49.- A esta lenta y fecunda evangelización de la cultura o inculturación del evangelio en el mundo de hoy, Juan Pablo II la ha propuesto como: "centro, medio y objetivo de la Nueva Evangelización" (Discurso al Consejo Internacional de Catequesis, 26.9.92; citado en S.D. 229). El sujeto de esta inculturación del evangelio, como "expresión madura de una fe auténticamente vivida", es la Iglesia, pero de modo especial es una tarea: "propia de las Iglesias particulares bajo la dirección de sus pastores, con la participación de todo el Pueblo de Dios" (S.D. 230). Sería una grave omisión no ocupar el espacio y el protagonismo que este objetivo de la Cultura nos presenta.
50.- Uno de los temas que adquiere mayor relevancia, por su importancia en la evangelización de la cultura, es el de la formación. La vida cristiana que se alimenta de aquella primacía y centralidad de la Palabra de Dios reclama, junto a su lectura religiosa, un estudio serio y sistemático por ser "el acontecimiento siempre nuevo que ilumina y da solidez a nuestra fe" (homilía del 22.11.92). No podemos, por ello, hablar responsablemente de "impulsar la evangelización de la cultura", si primero no reconocemos "la necesidad que tenemos de ahondar el contenido de nuestra fe por el camino de la formación" (carta sobre el Ce. Di. E. R, 9.11.93). Con particular insistencia el Sínodo sobre los Laicos les recomendaba a los Obispos que: "la formación de los fieles se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral" (nº 40).
51.- En este campo de la cultura tiene una importancia decisiva, por su proyección en la sociedad, el tema de la educación, que presenta hoy en la vida de la Iglesia, la característica de una creciente y fecunda presencia laical. Santo Domingo, al hablar de la acción educativa de la Iglesia, afirma con la fuerza de una definición: "la educación es la mediación metodológica para la evangelización de la cultura" (S.D. 271). Es necesario acompañar y alentar la formación de los educadores católicos, por ser ellos los testigos y protagonistas privilegiados en esta tarea eclesial de la evangelización de la cultura. En este ámbito de la pastoral se requiere una mayor presencia de la Iglesia en el mundo de la Universidad. La Iglesia debe saber presentar en este medio, tanto a nivel de docentes como de alumnos, la propuesta de un proyecto cristiano sobre el hombre y la sociedad. (Cfr. S.D. 268).
52.- El anuncio del Reino es, esencialmente, comunicación de una Verdad. Tomando la rica imagen del "areópago" (Hech. 17, 22), en cuanto centro y lugar de la cultura de un pueblo, el Santo Padre ha definido al mundo de la comunicación como: "el primer areópago del tiempo moderno... que está unificando a la humanidad y transformándola -como suele decirse - en una aldea global" (R.M. 37). Se lamenta, sin embargo, que para el anuncio del evangelio se haya descuidado este poderoso medio, o sólo ocupe un lugar secundario en los planes de pastoral. Es más, aquella ruptura entre el evangelio y la cultura, concluye, encuentra su confirmación en el campo de la comunicación. Por ello, para nuestra Iglesia, intensificar su presencia en los medios de comunicación es una de sus prioridades pastorales. (cfr. S.D. 279-286). Esta realidad, aún nueva para la Iglesia, compromete su mejor conocimiento y exige un esfuerzo de preparación para un uso competente y fecundo pastoralmente.
53.- Es importante en esta área pastoral de la comunicación ayudar a los fieles a formarse una conciencia crítica frente a los medios, que les permita, en un contexto plural, discernir los auténticos valores y tomar una actitud de responsabilidad cristiana y de compromiso social. Es preciso, asimismo, procurar una mayor presencia evangelizadora, sea a través de medios propios de la Iglesia cuando sea oportuno y posible, o produciendo material que pueda ser ofrecido o utilizado por aquellos medios con que cuenta la sociedad. No podemos descuidar pastoralmente, por otra parte, el acompañamiento formativo y espiritual de quienes que trabajan en los medios de un modo estable o profesional.
54.- Una pastoral que promueva la inculturación de la fe debe valorar y recibir con actitud fraterna, toda realidad que diga referencia al hombre y a su dignidad, ya que para "los discípulos de Cristo, no puede haber nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón" (G.S. 1). En este sentido debemos promover la presencia de la Iglesia en las diversas expresiones culturales, sean estas de nivel popular o del pensar común de la gente, cuanto aquellas otras de nivel científico, humanista o del mundo del arte en sus diversas expresiones. En esta línea de diálogo, deberemos asumir con mayor énfasis, y desde una actitud de fe en la palabra de Dios y de fidelidad al magisterio, el llamado a trabajar en la tarea eclesial del ecumenismo. (cfr. T.M.A. 34). El camino ecuménico es un mandato del Señor y un acto de confianza en la Iglesia.
55.- En el ámbito de este objetivo de la Cultura no podemos dejar de valorar y atender la realidad del turismo, que configura un aspecto relevante del compromiso pastoral de nuestra diócesis. Como vemos, la presencia y el diálogo Iglesia-Mundo, fundado en la comunicación, crea "una relación muy íntima entre evangelización, promoción humana y cultura" (S.D. 279). Esta realidad de mutua interacción exige, necesariamente, contar con un proyecto eclesial que se exprese en el marco de una pastoral orgánica, dado que el alcance de estas propuestas como su realización, trascienden los límites y posibilidades de una comunidad.
D - PROMOCION HUMANA.
"Testimoniar una Iglesia solidaria y servidora, para vivir la opción y la promoción de los pobres"
56.- Nuestras Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización nos proponen como un segundo desafío: "la urgente necesidad de una justicia demasiado largamente esperada" (L.P.N.E. 13). La Iglesia ve en la constatación de este hecho un aspecto de su misión evangelizadora, y lo define en términos de un compromiso con la promoción del hombre que "es ciertamente servicio a los necesitados, pero sobretodo es fidelidad a Dios. Esto fundamenta lo íntimo de la relación entre evangelización y promoción humana" (S.D. 159; E.N. 31; L.P.N.E. 22).
57.- Testimoniar una Iglesia "solidaria y servidora" significa, por lo mismo, sentirse parte de una comunidad que haga presente ante el mundo: la vida, la doctrina y los sentimientos de Cristo Jesús. Aquí encuentra su raíz evangélica el compromiso social de la Iglesia, que se manifiesta en una decidida actitud de seguimiento de Jesucristo y solidaridad con los hombres, como "una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana" (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1939). En este objetivo, como en el de la Cultura, se expresa de una manera clara y testimonial la coherencia entre la fe y la vida.
58.- El Concilio Vaticano II, luego de haber contemplado el misterio de la Iglesia en su origen trinitario y de definirla en términos de comunión-misionera (L.G. ; Sínodo sobre la Iglesia, 1985), nos ha enseñado, a la luz de su Constitución Pastoral, a hablar no ya de la Iglesia y el mundo como dos realidades contrapuestas y enfrentadas, sino de la Iglesia en el mundo. Este pequeño cambio gramatical nos presenta una relación Iglesia-Mundo en términos de una propuesta que se vive, a modo de fermento o levadura, mediante la presencia y el diálogo. La Iglesia está en el mundo. (G.S; Ecclesiam Suam). El mundo es el horizonte del amor salvífico de Dios (Cfr. Jn. 3, 16).
59.- Es en este contexto teológico-pastoral, que nuestra Iglesia diocesana debe mantener, con toda la comunidad civil, una relación de presencia y de servicio que manifieste su preocupación evangélica por la promoción integral del hombre (L.P.N.E., 31, a). Es a esta presencia histórica y actual de la Iglesia en nuestro país, que el Episcopado Argentino le ha encomendado, recientemente, formar una "Red de Caridad". Para ello debemos primero, nos dice: "coordinar y potenciar la valiosa tarea que la Iglesia viene realizando en todas las comunidades a través de sus hijos", y luego, promover "la cooperación con otras instituciones de la sociedad". (Comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino, 10.8.95).
60.- Proponer el tema de la Promoción Humana como un objetivo específico del Plan Diocesano, significa una actitud de madurez teológica y de compromiso social. Aquí cobra todo su valor y actualidad el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, como una reflexión que nace del encuentro del Evangelio con la realidad; ella es la resonancia temporal del evangelio, y pertenece, por lo mismo, al ámbito de la teología moral (S.R.S. 41). En este aspecto la Iglesia debe conjugar, como parte de la virtud de la prudencia, un elemento doctrinal permanente, "porque (ella) se mantiene idéntica en su inspiración de fondo..., y en su fidelidad al evangelio", con un elemento de actualidad, porque al ser un encuentro con la realidad, es "siempre nueva, dado que está sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variación de las condiciones históricas" (S.R.S. 3).
61.- Desde este objetivo, y en cuanto respuesta a las urgencias y necesidades pastorales, deberemos asumir: "como parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia", el estudio y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia" (homilía, 22.11.92). Una completa propuesta de formación pastoral exige, a la luz del magisterio eclesial, la presentación clara de su Doctrina Social. Solo así será posible ofrecer a la sociedad el servicio de una verdad sobre el desarrollo integral del hombre y, a la Iglesia y sus instituciones, los caminos de un compromiso pastoral que valoricen y promuevan su dignidad.
62.- Cuando la Iglesia argentina nos habla de "la solidaridad particular con los débiles y la opción preferencial por los pobres" (L.P.N.E. 32), como un cauce que ha de marcar la Nueva Evangelización, no lo hace desde una postura ideológica, sino desde un compromiso de fidelidad al evangelio. Nuestra cercanía al pobre y al que sufre nace de una comprometida actitud de fe, "que descubre el rostro del Señor en aquellos hermanos nuestros con quienes El se ha identificado y desde quienes El nos interpela (L.P.N.E. 27). Descubrir en los rostros sufrientes de los pobres el rostro del Señor (Mt. 25, 31-46) es algo que nos desafía a una profunda conversión personal y eclesial. Ellos, no lo olvidemos, son los preferidos del Señor" (homilía 22.11.92).
63.- Esta certeza y exigencia de la fe, reflejada en un objetivo pastoral, debe animar y "sensibilizar a toda nuestra Iglesia en la línea de la opción preferencial, no excluyente ni ideológica pero real, por los pobres" (homilía 19.6.95). Cuando esta opción preferencial se manifiesta en un ejercicio activo de fraternidad solidaria, se convierte en un signo claro de que el Evangelio es predicado (Lc. 4, 18) y, por lo mismo, en un gesto de credibilidad eclesial (L.P.N.E. 55).
64.- En este objetivo tiene un lugar destacado el tema de la Pastoral de la Salud; a través de ella la Iglesia diocesana vive y expresa, en cada una de sus comunidades, la cercanía del amor providente de Dios para con sus hijos débiles y enfermos. Sin pretender ser exhaustivo no puedo dejar de pensar la tarea de asistencia a la Minoridad que presenta, en los "chicos de la calle" y en situación de riesgo: "...una denuncia a nuestra civilización y un llamado a nuestra sensibilidad social y política..." (Inauguración de la Banca 25, H.C.D., 28/7/94). Considero importante, también, el testimonio y la presencia eclesial de la Pastoral Carcelaria, que es un signo de fe y de amor en la atención del Señor. (Mt. 25, 31-46). No podemos olvidar, asimismo, el cuidado pastoral de nuestros hermanos migrantes que son una realidad en nuestra diocesis. Esta franja social de carencias y sufrimientos, reclama una mayor presencia testimonial y evangelizadora de la Iglesia.
65.- El rostro de la Iglesia es la caridad porque en ella se actualiza, al servicio de los hombres, la vida de Jesucristo. "Cáritas", como presencia institucional de la Iglesia en la sociedad, debe ser la expresión viva de una comunidad que anuncia, celebra y testimonia su fe en Jesucristo. Para que esta vivencia eclesial sea una realidad tangible en el mundo debemos hablar, necesariamente, en términos de conversión y santidad como una exigencia moral de nuestra fe, que nos haga testigos vivos de la presencia de Dios. Que vivamos, Señor, con generosidad la "urgencia del amor de Cristo" para con nuestros hermanos más necesitados.
66.- De esta manera, partiendo de una actitud de conversión que nace del encuentro y el seguimiento de Jesucristo, deberemos revisar comportamientos personales y comunitarios para que muestren el caminar de una Iglesia renovada en cada uno de sus miembros. Estamos hablando de nuestra santidad. Para ello es necesario partir siempre de Dios: Dios y nosotros, nunca nosotros y Dios. Sólo desde esta novedad cristiana, fruto de la presencia del Dios Vivo, es posible afirmar y esperar que cada comunidad sea un espacio de cordialidad eclesial en el que se manifieste aquél espíritu de fraternidad y solidaridad que la liturgia lo expresa en su oración eucarística: "Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando" (Plegaria Eucarística V/b).
67.- Con estas reflexiones, concluyo la presentación de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Se trata del proyecto que nuestra diócesis, luego de una madura reflexión y de un trabajo compartido, se ha trazado para responder al llamado de la Nueva Evangelización y avanzar, con la alegría de la fe y la confianza del Espíritu, hacia la celebración del Gran Jubileo del comienzo del III Milenio del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Pongamos bajo el amparo maternal de María Santísima y el patrocinio de San José, el cuidado pastoral de este camino evangelizador de nuestra Iglesia diocesana de Mar del Plata.
Mar del Plata, 19 de
Marzo de 1996
Solemnidad de San José, Esposo de Santa María Virgen.
Mons. José
María Arancedo
Obispo de Mar del Plata